Desde la fuerza del morteruelo de cuyo sabor hay registro desde el siglo XV al
pisto que reina en la cocina de La Mancha desde tiempos inmemoriales, pasando
por las populares gachas o migas de pastor. Los mejores bocados de la
gastronomía manchega, conocida en el mundo gracias a su gran embajador Don
Quijote, no se entienden sin los vinos de su tierra que elevan cada matiz de sus
recetas. Ven a la Ruta del Vino de La Mancha a disfrutar de maridajes que hablan
de patrimonio, de Imperio Romano, de influencia musulmana y de campo.
Recetas rurales que hoy conquistan a los paladares más sublimes
De la llanura manchega llevan siglos saliendo los mejores productos con los que elaborar
recetas que ahora sorprenden a los paladares más selectos. Por su sencillez y sus sabores
únicos que saben a hogar y a historia. A fuego lento. Su principal embajador, Don Quijote de La
Mancha, que contagió su gusto por los sabores de esta tierra hasta en los rincones más
remotos (Sabor Quijote, que se celebra en Campo de Criptana gracias a la organización de la
Diputación de Ciudad Real, es una buena oportunidad para comprobarlo). El mayor viñedo del
mundo no podía más que estar a la altura, así que las bodegas que lo trabajan elaboran vinos
con aromas y sabores vibrantes con los que sacar todos los matices de esta gastronomía. En la
Ruta del Vino de La Mancha son varios los restaurantes y muchas las bodegas que ofrecen
maridajes exclusivos y experiencias enoturísticas con las que acercarse a su tradición a través
de los bocados más auténticos. Aquí, 4 recetas de siempre que no se entienden sin la frescura
y la intensidad de los vinos de la Ruta, donde 11 paradas organizan romerías y fiestas
tradicionales en las que confirmar que La Mancha es un destino ‘wine’ de lo más top.
Morteruelo: carne de caza elevada a otro nivel. Apta solamente para paladares fuertes
Escritos del siglo XV confirman que esta delicia manchega que sigue en el top10 del recetario
de la Ruta del Vino de La Mancha lleva siglos triunfando en las mesas de pobres y ricos. Un
plato con fuerza y personalidad, que realza todos y cada uno de sus sabores con los tintos
manchegos. Se trata de una especie de paté a base de hígado de cerdo cocido, que se
espesaba con pan, para luego jugar con las proporciones de carne de caza, según el gusto.
Desde perdiz a codorniz, gallina, liebre o conejo; todos sabores que se equilibran con especias
como el clavo, el tomillo o la pimienta. Un plato especial, que sorprende a los amantes de los
sabores que se alejan de lo cotidiano. Una receta con personalidad, que requiere de mimo y
tiempo, pues su cocción es lenta y sosegada. Como el tiempo en la Ruta del Vino de La Mancha.
Pisto: el protagonista de la tierra en la que se extiende el mayor viñedo del mundo
El rey del huerto manchego por excelencia. Este sofrito de verduras en el que predominan los
tomates y los pimientos está abierto a cualquier variante, desde cebolla o calabacín, a huevo,
calabaza y hasta berenjenas. Hay quien le añade algo de jamón o incluso de chorizo, aunque su
base clásica es eminentemente vegetal. Es uno de los platos más conocidos e internacionales
de la gastronomía manchega y su versatilidad lo hace perfecto para comer en cualquier época
del año. Marida a la perfección con blancos y tintos de la llanura manchega, que realzan los
sabores de cada una de las verduras y hortalizas, dejando que los sabores se fundan haciendo
de un plato de lo más humilde, un bocado realmente exquisito.
Gachas: un clásico que nunca pasa de moda y que en La Mancha siempre sabe mejor
Si hay algo que transporta directamente a La Mancha es un trozo de pan bañado en una
cazuela de gachas. Pocos sabores saben más a campo que esta receta que lleva siendo
alimento de pastores, agricultores y ganaderos desde tiempos remotos. Hoy, este plato de
raíces humildes y sabor intenso elaborado a base de harina de almortas, ajo, pimentón dulce,
panceta y chorizo (versiones domésticas aparte), no falta en ninguna fiesta popular a lo largo y
ancho de la Ruta acompañada, como no puede ser de otra manera, de un buen tinto de la
tierra. En los restaurantes de la Ruta del Vino de La Mancha se preparan desde sus versiones
más clásicas a las más modernas, donde a su base hay quien le añade alguna verdura tierna
para dar alternativa a los amantes de lo veggie. Cualquiera que necesite sentirse en La Mancha
no tiene más que sacar su pequeño ‘perol’ (así se llama a la sartén en la que se cocina),
prepararse unas gachas y rebañar bien con un buen trozo de pan duro. Lo que hace años era
plato de gente humilde, hoy es manjar para los paladares más selectos.
Migas de pastor: una receta que viene evolucionando desde el Imperio Romano
Este otro clásico de la cocina manchega tiene sus orígenes en la época del Imperio Romano,
cuando se utilizaban migas de pan empapado frito como base de muchas recetas. Más
adelante, durante la ocupación musulmana, que dejó en la llanura nuevas técnicas culinarias,
se cree que se empezó a preparar el famoso ‘tharid’ (pan migado con estofado de carne,
verduras o legumbres), que vendría a ser el precursor de los galianos y las tradicionales migas
manchegas, cuyo consumo se popularizó durante la Reconquista. No fue hasta bien entrado el
siglo XIX, que al pan duro se le empezaron a añadir delicias como el huevo, las papas, el chorizo
o la panceta, haciendo de este manjar típico de las zonas más rurales, un plato que no falta en
todo buen festejo de la Ruta del Vino de La Mancha. En tiempos de vendimia, suelen añadirle
unas uvas de la tierra para aportarles ese toque de frescura y dulzor que tan bien equilibra la
receta.